Escritora chilena. Co-fundadora de Ceibo Ediciones. Directora de Palabra Editorial.
En 1987 se titula como diseñadora gráfica de la Pontificia Universidad Católica de Chile con el cuento infantil ilustrado ‘La prisionera del bosque’, que incorpora pliegues y troqueles para incentivar la lectura en niños y niñas. Ese mismo año publica “El cofre”, Ed. Caja Negra. 1996, Cierta femenina oscuridad”; 1998, “Lóbulo”,ambos por E. Cuarto Propio. Año 2000, re-edita una segunda edición de “El Cofre”, por Surada Editorial. 2004 estrena “Hembros: asedios a lo post humano”, novela instalación, Galpón Víctor Jara. 2006, estrena “Desórdenes Mentales”, obra de teatro. El año 2007 publica “Objetos del silencio, secretos de infancia”. En 2011 publica Dices miedo, novela visual; 2012 una tercera edición de “El Cofre”. En 2014 “BluViví y Gusaringo viajan en la marcianave”, cuento infantil ilustrado en co-creación con mi hijo Vicente y en 2015 “Objetos del silencio, secretos de infancia”en versión, corregida y aumentada, todos por Ceibo Ediciones donde se desempeña como editora y diseñadora gráfica. En 2017 publica “Advertencias de uso para una máquina de coser” que inaugura la editorial carnicera, que crean con Diego Ramírez.
Actualmente es estudiante de Magíster en Estéticas Americanas en la Pontificia Universidad Católica de Chile y docente del Diplomado de Periodismo Cultural y Edición de Libros en la Universidad de Chile. Esta extraordinaria creadora tiene dos hijos, Gaspar y Vicente. Ha dedicado gran parte de su vida al diseño, edición y producción de libros.

Eugenia Prado, es sin duda, una de esas escritoras que marca y alumbra la ruta del buen oficio. Pertenece a una generación de brutal resistencia y claridad en su discurso estético; pero por sobre todo: un ser creador generoso, lucido y brillante.

RESIDUAS / UNA BESTIA
 


Una bestia

se descompone

en esta historia, otra 

y la misma. 

Repetida

infinitas veces,

se alimenta

de estos circuitos. 

Sus deseos

se descomponen

enzimáticos. 

No de podridos 

enjambres,

sino de modificaciones

eléctricas que,

más que gestos 

de cariño,

desatan grandes

amenazas

sobre las gentes. 

Viejas historias de

cuando el padre desataba deseos

extendidos como un manto

bordado de azufre. 

Registros poco

confiables materializan

extraños sujetos que

desaparecen entre sombras. 

Sus cuerpos,

más que un atentado,

buscan provocar

irritación.

Una furia los remece.

Orgánicos proliferan,

desatando sus economías

de todo tipo.

Cartografiados

chocan bajo la presión

de las incesantes

máquinas. 

Melodramáticos

de revueltas y animosas creatividades,

se instalan,

justo donde las palabras

se reducen a nada.

Una bestia iluminada

de circuitos inalámbricos,

programada y sin sentimientos

¿o los tiene? 

Débiles

sentimientos 

cruzados por

una realidad brutal.

 Nos acercamos

a los otros

para obtener reflejos

de una vasta y generosa complacencia. 

Nada de lo que hacemos 

es ingenuo, a menudo buscamos

ciegos espejos que nos aprueben

o nos hagan sentir algo,

lo que sea. 

El deseo nos permite

avanzar hacia la búsqueda

de todas las cosas. 

Visuales hoy, las palabras son nada

cuando aparecidas y discretas

laten como reacios objetos de impulsos precarios. 

Pero nada está perdido

cuando el goce

es materia, trastocados

los ingredientes al punto

de la exterioridad.

Extraviadas

las partes íntimas,

confundidos esos planos,

nada funciona más

con las ganas de seguridad

que cuando

se activan los deseos. 

Música original:

John Streeter Ralph

Bajo:

Jorge Lara

Textos:

Eugenia Prado Bassi

Video

Jan Dimter

Mayo 2020.